Aquella
mañana en aquella clase se podía respirar emoción, alegría y
nervios, así olía yo, así me respiraban los alumnos de 2º y 1º
de ESO. La hora llegó y el viento me arrastró con ellos hacia el
interior del autobús, donde decidí quedarme el tiempo necesario ya
que allí solo había fiesta y alegría me hacía sentirme como si
fuera algo, por primera vez en mi vida fui aire feliz, aire sano.
Transcurrió un buen y largo tiempo hasta que ya empezó a oler a
córdoba sus aires, yo era experto en reconocerlos. Al bajar del
autobús sentí que la brisa cordobesa me podría llevar a otros
parajes pero yo no quería irme de allí, de ese ambiente, de eso que
me hacían sentir esos chicos. Fui avanzando suavemente desplazándome
entre ellos, algunos notaron que estaba ahí pero yo los notaba
mas a ellos. Aquellas vistas eran preciosas, sus monumentos enormes y
la gente maravillosa. Una vez más sigilosamente me colé en sus
planes. ¡iban a entrar en la mezquita!
Estaba
feliz jamás había entrado allí, una pequeña brisa como yo jamás
había sentido aquello ni se había dejado llevar por lo que movía a
otras personas. Cuando entramos volví a reconocer otra brisa, pero
esa era diferente me transmitía serenidad, cultura, arte y
sabiduría, sinceramente me encanto aquello. Volví a ser libre para
decidir si quedarme o no, pero estaba decidido a que si. Los chicos
fueron libres para recorrer aquello yo les seguí sentí mucho
ambiente, ambiente extremeño, francés, etc. Era hora de que tanto
a mí como a los chicos el viento nos llevara a Chipiona de nuevo, al
fin y al cabo aquel era mi lugar, mi hogar.
imagen recogida de googleimagenes

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